sábado, 11 de abril de 2015

Cena con visita guiada



En esta nueva etapa de "A comerse el mundo" os ofrecemos un aliciente muy especial.

Se trata de una visita guiada justo antes de la cena, en la que nuestro guía Miguel Zorita nos descubrirá in situ, multitud de anécdotas de las calles y rincones donde vivieron los literatos que protagonizan nuestra cena.

No dejes escapar esta oportunidad y ven a conocer como nunca lo habías visto el Madrid del Siglo de Oro.

Llama e infórmate. 630 57 82 51

Ruta; 12 €
Cena: 20 €
Ruta + Cena: 30 €

            

Regresan las cenas de A COMERSE EL MUNDO




Como cada primavera vuelven las cenas de "A comerse el mundo" en esta ocasión y coincidiendo con el día del libro (23 de abril) os deleitamos con:  La gastronomía de los literatos.

Una cena donde degustaremos la comida típica del Siglo de Oro, y cuyas recetas podemos rastrear en novelas, poesías y obras teatrales.

En esta ocasión contamos con un restaurante de excepción, El Jardín Prohibido (www.eljardinprohibido.com) situado en la calle de la Cruz nº 19, en pleno centro de Madrid. Cuya carta y decoración se prestan totalmente al tema que tratamos.

                       

Además le hemos añadido un nuevo aliciente opcional como es una ruta previa por el cercano barrio de las letras, donde visitaremos los lugares claves de nuestra cena. Estad atentos, muy pronto os iremos dando más detalles 

La cena tendrá lugar el jueves 23 de abril a las 21.00. Para más información y reservas. 630 57 82 51

                     


lunes, 10 de febrero de 2014

El descubridor de la vainilla perseguido por la Inquisición.


No es que fuese un delito especialmente penado el descubrir nuevos ingredientes para las despensas del viejo mundo, pero las personas inquietas siempre fueron molestas para una entidad tan poco amiga de las cosas nuevas como fue la Inquisición.

Uno de estos intrépidos personajes fue un franciscano leonés llamado Bernardino Rivera, que al ser del municipio de Sahagún tomó los hábitos bajo el nombre de Bernardino de Sahagún.

Durante sus años de juventud la orden estaba especialmente revuelta con las reformas del mandamás en la España de ese momento, que no era otro que el Cardenal Cisneros, gran emprendedor de una reforma clerical con la que pretendía que los sacerdotes dedicasen más tiempo a su formación cultural que a entretenerse con las barraganas (asistentas del hogar en un amplio sentido del término).

En ese ambiente reformista y empapado de las teorías de Antonio de Nebrija, que tanta importancia daban al estudio de las lenguas, no es de extrañar que el joven monje sintiese un irresistible interés por las cosas que pasaban en ese otro Nuevo Mundo.
Bernardino de Sahagún. Uno de los primeros
etnógrafos modernos.


De este modo, y quizás pensando en las sospechas que se cernían sobre su familia al ser cristianos nuevos marchó en 1529 a lo que hoy llamaríamos México. Donde a falta de judíos, moriscos y protestantes, el ambiente era mucho más tranquilo.

De hecho los franciscanos (orden a la que pertenecía Bernardino) vieron una oportunidad de oro para hacer una nueva Iglesia, una comunidad cristiana que partiese de cero, y que siguiendo los pasos de los primeros cristianos creciese sin la cizaña que suponía todas las ideas que circulaban en España.

No era tarea fácil ya que los nativos contaban aún con muchas influencias paganas, que en la mayoría de los casos se consideraban satánicas, pero al fin y al cabo era más fácil luchar contra el Diablo que contra Calvino, Lutero y las amenazas de los Turcos.

Por ello, los franciscanos emplearon una estrategia realmente singular, hacer que los indígenas cambiasen de religión, pero no de lengua. ¿Qué debían hacer entonces los misioneros? Aprender usos y costumbres de aquellas desconocidas gentes.

Sin apenas darse cuenta Bernardino de Sahagún estaba sentando las bases de la moderna antropología y etnografía, haciendo que la relación entre franciscanos y aborígenes fuese tan fluida que le permitió escribir la Historia General de las cosas de la Nueva España.

Un proyecto en el que Bernardino de Sahagún era más bien un director ya que los hijos de los nobles mexicas le ayudaron a compliar todos los conocimientos de la cultura precolombina, ritos, creencias, organización social, animales, plantas… Y fue ahí en ese apartado concreto donde Bernardino y los suyos apuntan:

 la vainilla, fue obtenida por los indios totonacas a partir de un delicado proceso de cultivo y polinización de la orquídea que la produce, así como en el proceso de fermentación, que permite obtener y conservar mejor el aroma. Otras plantas que aromatizaban el cacao en el achiote, la rosita del cacao y la yoloxóchitl, que es la magnolia.



                                  


La estrategia de los franciscanos estaba funcionando, los indios ofrecían toda su vasta y rica cultura, pero a cambio ¿Qué recibían?

He ahí el problema, el aprendizaje universitario que los hijos de los nobles indígenas estaban recibiendo influiría negativamente en su dominación, y aquellas libertades a la hora de aprender … no era muy bien aceptada por la Inquisición que con los dominicos a la cabeza no dejarían que nadie escapase del redil, de hecho su propio nombre lo indica ( eran los "domine-can", los perros del Señor).

Acusado de dejarse seducir fácilmente por los engaños diabólicos, fray Bernardino de Sahagún fue poco a poco relegado, aplicándole recortes que impedían que su investigación progresase, trasladándole de un destino a otro, con tal de que cesase en su empeño por conocer la cultura precolombina, y lo que es peor, que encontrase algo que tirase al traste la visión que del mundo tenían los inquisidores.

Un miedo que fácilmente se alió con la pereza pues además del miedo a perder poder estaba el pasotismo por resolver las diferencias con el uso de la palabra, prefiriendo zanjar cualquier asunto con el uso de la fuerza. Lo que evidencia que desde hace siglos hay gente que se dedica a amargar la vida a los demás pero al final, se termina recordando a quien se dedicó a endulzarnosla con descubrimientos tan deliciosos como la vainilla.



  

martes, 21 de enero de 2014

El coco, una fruta con nombre de monstruo.



Vasco de Gama bautizador del coco.
Algo que con total seguridad haremos el día 14 de febrero en nuestra próxima cena de   “A comerse el mundo” es analizar el origen del nombre de los alimentos. Y es que si el descubrimiento de una planta, fruta o verdura supone un dilema, ese suele ser el hecho de cómo llamarlo.

En algunas ocasiones simplemente se adaptaban los términos indígenas como es el caso del tomate o el chocolate pero en otras muchas se inventaban nombres nuevos haciendo uso del ingenio más inaudito.

Uno de los “bautizadores de alimentos” más famoso fue el portugués Vasco de Gama, cuya pericia como navegante le hizo llegar la India en 1498. Seguramente la expedición tenía muchos intereses secretos, en busca de reinos perdidos y grupos de cristianos que se suponía que vivían en el otro lado del mundo. Pero también había un objetivo claro comerciar con las especies.

Exóticos condimentos imposibles de cultivar en Europa, y cuyo peso valía más que el propio oro. La canela, la pimienta o la nuez moscada eran tan valiosas que los comerciantes adornaron sus lugares de origen con seres fantasiosos que incrementaban su valor.

Quizás empapado de todas esas leyendas, el propio Vasco de Gama llegó a la desembocadura del Ganges, donde si no pudo encontrar aquellos mitológicos seres, si pudo encontrar un extraordinario árbol con un curioso fruto, resistente, esférico y con cierto aspecto peludo.



Coco partido por la mitad y
coco conmocionado por la brutal escena 
Todo apunta a que tras darle muchas vueltas a aquel extraño fruto Vasco de Gama terminó interpretando las tres pequeñas manchas circulares que tiene el coco, como la boca y los ojitos de un sorprendido personaje cuya desordenada cabellera le añadía un aspecto monstruoso.

Era, como no podía ser de otra manera, el Coco. Ese extraño personaje con el que Vasco de Gama como otros tantos niños de Portugal y España eran asustados, Era sin lugar a dudas aquel feroz personaje que devoraba niños que no querían dormir. Era el Coco.

Mucho se ha hablado sobre el origen de este monstruo pero no está nada claro. Para algunos viene del término latino coquus (cocinero) y para otros del griego kakós. En defensa de los hosteleros hemos de decir que última acepción parece la más acertada, por que además de haberse convertido en sinónimo de ladrón (caco) hace también referencia a un monstruo mitológico, bastante amigo de lo ajeno y mundialmente conocido por sus malos hábitos como vomitar torbellinos y llamas de humo, algo que podía ser resultante de la pesada digestión que supone devorar a unos cuantos humanos al día.Un mal hábito que encajaría en la pertinaz manía del Coco como zampa-niños. 

De ser cierto (y todo apunta a que lo es) se podría decir que Vasco de Gama dio la vuelta a la tortilla creando una justa venganza al añadir el coco en el resto de dietas del mundo. Pues además de disfrutar de un aporte nutritivo rico en potasio, magnesio y una excelente forma de tomar fibra,  permite  que desde entonces sean los niños los que pueden comer cocos y no al revés.

          

miércoles, 31 de julio de 2013

Curiosidades para el verano II (El Higo Chumbo)


Para seguir dándole vidilla al blog antes de retomar las cenas en Septiembre, nos ocuparemos hoy de un alimento de lo más veraniego. El higo chumbo.
                                      

Como tantas otras frutas, ésta es una de las que los españoles trajeron del Nuevo Mundo. Hay por tanto un antes y un después en su historia, pues durante su etapa como alimento exclusivo de América tuvo tanta importancia como la que después adquirió al ir viajando por el mundo.
Su aparición estelar en la historia según diversos códices precolombinos (el códice Mendoza entre otros) fue exactamente, el 26 de Julio de 1325. En ese preciso instante el peregrinaje de los antepasados de los aztecas tocó su fin, pues habían alcanzado su particular tierra prometida.
Según les inspiró su dios Huitzilopochtli, una señal les indicaría el lugar donde fundarían la capital de su futuro imperio, esa señal era un águila que devoraría una serpiente reposando, precisamente, sobre una chumbera. Como era de esperar, todos los elementos se dieron cita en una pequeña isla del lago Texcoco, dando origen así a la ciudad de Tenochtitlan.

                            
 
 
 
El júbilo no fue para menos. Nada más verlo el sacerdote Cuauhtlaquezqui dijo:
“(..) Aquí estará perdurable nuestra ciudad de Tenochtitlan! El sitio donde el águila grazna, en donde abre las alas; el sitio donde ella come y en donde vuelan los peces, donde las serpientes van haciendo ruedos y silban! ¡Ese será México Tenochtitlan, y muchas cosas han de suceder.”
                             
 
Y tanto que sucederían cosas… Para empezar la escena se convirtió en insignia de la ciudad, y de hecho hoy sigue siéndolo en la bandera de México, y además entre otras tantas cosas también sucedió la llegada de  unos extraños personajes dignos de sus frecuentes profecías.
De hecho se les tomó como tal, y aunque terminaron por descubrir que eran tan humanos como ellos, ya era demasiado tarde, Hernán Cortés y sus hombres habían llegado al corazón mismo del imperio.
Curiosamente el primer europeo que nos habla de esta planta fue uno de los españoles que cambió su nombre original por un término nauhuatl. Hablamos de Fray Motolina (antes conocido como Fray Toribio de Benavente) El cambio de tan zamorano nombre se explica por el significado de Motolina, que viene a ser algo así como “el pobrecillo” o “el que da lástima”. Fray Toribio como era un franciscano de pura cepa aceptó con gusto el mote y fue desde entonces conocido con su nombre nahualt.
                                                 
 

Es quizás por ello, tuvo cierto acceso a las costumbres, tradiciones y gastronomía de los pueblos que en su expedición fueron descubriendo, hasta que finalmente llegó a  toparse con la chumbera, a la que denomina como “tuna”, una palabra de origen precolombino con la que la fue conocida durante un tiempo.
Aunque también se le llamó “higuera de indias” o “higuera de San Gabriel” pero finalmente triunfó chumbera. ¿Y de dónde viene tal palabra?
No se debe, a como alguna mente enrevesada ha ya podido pensar, que “chumbo” sea una corrupción de “chungo” y que las espinas de este fruto les den fama de maleantes a estos higos frente a los ya conocidos en Europa, rotundamente no.  El origen es mucho más sencillo.
Como la chumbera no dejaba de ser un cactus, contaba con una gran ventaja en el mundo marinero, ya que plantas vivas como Ésta aguantaban con a penas la brisa del mar. Sus frutos además eran efectivos contra el escorbuto, así que no tardó en convertirse en una planta famosa en el mundo de la navegación.
                                  
                             
Un ambiente este de los marineros, en el que los frutos fueron asociados a los chumbos, es decir, las piezas de plomo que rodeaban las redes de pesca. De ahí que se les llamase chumbos y en consecuencia a su planta, chumbera.
Lo que no tiene sentido es llamarles higos, cuando biológicamente nada tienen que ver los cactus con las higueras, pero bueno eso se podría decir, que resulta es un tema un tanto espinoso.
Pero ¿quién sabe? Si la chumbera ha sido capaz de adaptarse sin problemas al clima mediterráneo quizás pueda adaptarse a otra nueva denominación. Los siglos nos dirán.

 

jueves, 20 de junio de 2013

Curiosidades para el verano. (Chocolate)


El Monasterio de Piedra y el chocolate.

 
Múltiples son las anécdotas que rodean este bellísimo lugar al sur de la provincia de Zaragoza. Sus impresionantes cascadas y sus mágicos rincones lo hacen un lugar verdaderamente idílico, sin embargo no todo el mundo repara en que si se llama “Monasterio de Piedra” no es solo porque las aguas que lo bañan son las del río Piedra, si no porque también hay un monasterio cisterciense lleno de secretos e historias muy del gusto de nuestro blog.
 
 
 

El edificio ya de por sí es una maravilla, a la que se le añade el mérito de haber sido construido en tan solo 23 años (desde 1195 hasta 1218), aunque bien es cierto que al construirse sobre una fortaleza árabe anterior, el abastecimiento de materiales fue muy sencillo.

Pero no nos detendremos en su magnífica sala capitular, ni las estancias en las que vivió y murió el escritor Jerónimo de Passamonte (enemiguísimo de Cervantes y a quien algunos atribuyen el Quijote apócrifo de Avellaneda). Nos situaremos en uno de esos lugares que en ocasiones pasa desapercibido en los grandes edificios de nuestro patrimonio. Las cocinas.


Allí bajo el oscuro hollín que tiñe toda la sala, se encuentran las chimeneas y los fogones donde se cocinó por primera vez en Europa… el chocolate.  
 
El descubrimiento de tan extraña bebida fue anotado ya por Cristóbal Colón aunque que no dio ninguna importancia a esa bebida que llamaban  “xocolatl”, sin embargo el verdadero impulsor llegaría unos años más tarde.

Se trataba del monje cisterciense Jerónimo de Aguilar, compañero de aventuras de Núñez de Balboa y tiempo después de Cortés. Este ecijano vivió todo tipo de aventuras en el recién descubierto Nuevo Mundo, allí sufrió un naufragio, sobrevivió a los ataques de los indígenas e incluso vio como el otro único superviviente de la expedición (Gonzalo Guerrero) se hizo indio mezclándose con la población autóctona y combatiendo incluso a sus antiguos compatriotas españoles.

Jerónimo de Aguilar por su parte se sumó a las filas de Hernán Cortés cuando éste desembarcó en el continente. Jerónimo que llevaba arduos años viviendo con los indios se convirtió de inmediato en un perfecto traductor, y gran conocedor de la cultura mexica.

Tanto es así, que se percató de que esa espesa bebida que Colón había despreciado, aportaba una importante dosis energética a la alimentación. Haciendo que los propios nativos considerasen al cacao como una planta otorgada por los dioses.


Conocedor de esas ventajas Jerónimo de Aguilar mandó varios sacos de cacao al abad de un monasterio que como él, pertenecía a la orden del Cister, ese lugar no fue otro que el Monasterio de Piedra, donde los ayunos y las duras tareas del campo se hacían más llevaderas con un sorbito de chocolate.

Al principio resultaba algo amargo, pero poco a poco el ingenio de los monjes aragoneses lo hizo endulzar, primero con miel y a posteriori con azúcar. Quedaba así una bebida dulce, fortalecedora en invierno y dulce acompañamiento en los postres del verano.
 
De esta manera cambió para siempre la repostería mundial, donde se añadió chocolate en virutas, cremas, láminas, coberturas y deliciosos bombones. Se abrieron establecimientos exclusivos donde el aroma de este nuevo alimento fue seña de identidad. El simple chasquido de la tableta al partir una onza sigue haciendo recordar a muchas generaciones, felices momentos de su infancia. 
 
En definitiva, una riquísima cantidad de ventajas que hicieron que el chocolate se extendiese por Europa a una velocidad tan solo comparable, con la que muchos lectores alcanzaran al ir en busca de esa tableta que anda escondida en la despensa.

 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Lectura recomendada.

No son muchos los libros que sobre este tema se han escrito, pero los volúmenes publicados al respecto son una verdadera maravilla.
Por ello nada mejor que recomendar “Embajador a la corte del Gran Mogol” escrito a finales del siglo XVI por el padre Antoni de Montserrat y reeditado en el siglo XXI por Josep Lluís Alay.
Es un libro ciertamente asombroso en el que el jesuita Antoni de Montserrat, se embarca en una peligrosísima aventura en pos de evangelizar al rey Akbar (abuelo de Shah Jahan, constructor del Taj Mahal).
Sus viajes por la India, Pakistán, Afganistán y Cachemira son una fuente inagotable de costumbres, descripciones, gentes y lugares que Montserrat describió con fascinación. Narrando como todo lujo de detalles cimas, cordilleras, valles ríos e incluso animales que se consideraban fantásticos.
Es en definitiva un libro con el que se viaja sin moverse del sitio, pues la edición que la Editorial Milenio nos presenta está plagada de fotografías de los documentos originales, mapas de la ruta e instantáneas de los mismos lugares que Montserrat visitó (salvo que a cuatro siglos de distancia) El esplendor de los palacios en ocasiones se ha visto engullido por la exuberante vegetación pero en otros los paisajes, bazares y pueblos parecen haberse detenido desde aquel entonces.
En definitiva, un libro que merece la pena disfrutar aunque no sea del todo fácil encontrar.